Las muletas se usan comúnmente para apoyar la movilidad cuando caminar es difícil o doloroso debido a una lesión. Ayudan a reducir el peso sobre la extremidad lesionada, promueven la correcta curación y previenen complicaciones adicionales. Comprender qué lesiones requieren muletas garantiza una recuperación segura y evita empeorar la condición.

Las muletas se prescriben a menudo para lesiones de pierna y rodilla que dificultan o hacen inseguro soportar peso. Ejemplos: fracturas de fémur, tibia o peroné, esguinces graves, desgarros de ligamentos como lesiones del LCA, y recuperación postquirúrgica. Usar muletas ayuda a no cargar peso en la pierna lesionada, reduce el dolor y permite que los tejidos sanen correctamente.
Las lesiones de pie y tobillo son otra causa común de uso de muletas. Esto incluye fracturas de los dedos, metatarsianos o huesos del tobillo, esguinces graves y lesiones del tendón de Aquiles. Las muletas evitan la presión sobre el área afectada, reducen la hinchazón y disminuyen el riesgo de deformidad o retraso en la curación, mientras permiten movilidad limitada.
A veces se necesitan muletas para lesiones de cadera o pelvis, especialmente tras fracturas, luxaciones o cirugía. Estas lesiones hacen imposible o inseguro soportar todo el peso. Las muletas permiten moverse protegiendo la zona de la cadera o pelvis, manteniendo el equilibrio y reduciendo el riesgo de caídas.
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